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lunes, 31 de marzo de 2014

Antes del primer café


1.

Un viaje en taxi. Voy en el asiento del copiloto, cosa inusual en mis movimientos dentro de la ciudad, pero costumbre cuando salgo de ella. Creo que lo hago para aprovechar mejor el paisaje desconocido y hablar con mayor cercanía al conductor. Lo inusual es que este viaje es en mi ciudad. Vamos al norte por la carrera séptima, llegamos a la esquina de Paseo Real y cruzamos a la derecha, hacia oriente. La calle es estrecha como siempre lo ha sido, pero al llegar a la altura del cementerio se convierte en una amplia autopista de doble vía y dos o tres carriles, no recuerdo el número exacto, en cada sentido. Es entonces cuando el taxista rompe su silencio y me explica cómo avanzan de rápido las obras viales en la ciudad. Se lo ve muy orgulloso y lo observo con detenimiento mientras me explica que subiremos hasta la cima para luego descender al otro lado de los cerros orientales. La idea me emociona y me separo del espaldar de la silla, con mi cabeza tocando el vidrio delantero. Ansioso y feliz.

La vía es perfecta. Hay poco tráfico y rápidamente llegamos a la cima. Para mi sorpresa, el descenso consiste en una empinada ruta, tan brusca que me hace pensar que en cualquier momento el taxi dará botes hacia delante por efecto de la gravedad. Recuerdo las "faldas" manizalitas y me hundo en la silla con tal expresión de susto que el taxista voltea a mirarme, ríe y me asegura que todo estará bien. Es aquí cuando recuerdo que conozco al taxista de otro lugar: Pasto. Pero ¿qué hace aquí? Se lo pregunto y responde que vino por su esposa. De hecho vamos camino a recogerla: señala hacia delante y me dice que allí se encuentra ella.

Una vez terminado el descenso al otro lado de los cerros, hay una planicie ocupada por una desconocida urbe para mí. Extensa hasta donde alcanzo a ver y constituida en su mayor parte por casas de dos pisos, algunas de uno solo, paisaje que se repite de manera uniforme y solo interrumpido en contadas ocasiones por las torres y campanarios de algunas iglesias. Hay un color predominante en el cielo y las paredes, el gris, y una forma continua, el rectángulo, en las residencias y comercios. Así llegamos a la ciudad desconocida, en búsqueda de la mujer de mi taxista.


2.

Había estado antes en esta casa. La recuerdo por su largo corredor desde la puerta de entrada hasta el espacio central, usado como biblioteca y sala de televisión. Un antiguo y enorme árbol se encuentra en medio del lugar desde antes que la casa existiera, así que esta parte de la casa tiene un agujero en el techo que permite a las ramas crecer y salir de las cuatro paredes alrededor. Era fácil trepar por el árbol hasta alcanzar el espacio abierto y luego pasar al techo más cercano, para luego sentado o acostado disfrutar del paisaje: campos verdes que se extendían hasta donde se podía ver y algunas pocas casas en las proximidades.

Ya no es el mismo lugar. Los antiguos habitantes se han marchado y solo queda ella, quien me recibe a la entrada y me acompaña en el recorrido por el corredor, que conserva el piso de mármol intacto, pero ahora rodeado por desperdicios de construcción: tablas, rollos de papel, barriles y pedazos de metal. El árbol sigue en su sitio pero no la biblioteca y en su lugar están ahí más desperdicios. 

Ella me muestra los baños cuyos inodoros sirven de bases para acumular más tablas de madera. Comienzo a molestarme por el abandono del lugar, cuando ella me dirige al lugar donde se encuentra el jacuzzi, humeante y listo para usar. Nos desvestimos y entramos al agua. Trato de olvidar el lugar y mis recuerdos sobré él, pero en mi memoria no queda nada más que el corredor de mármol, el salón del árbol y ella.   


3.

La primera vez que estuve en el mirador de la montaña hacía frío y pensé que iba a llover. Era un lunes en la mañana y la gente se agrupaba con libros entre manos, descansando contra la pared del mirador y con sus ojos fijos en la sabana que desciende hacia occidente, poblada por miles de casas coloniales blancas de paredes, verdes en ventanas y terminadas en tejas de arcilla. Nubes grises en el cielo, amenaza de lluvia constante pero pocas veces efectiva. Soledad compartida por miembros de un grupo que apenas comienza a gestarse.

La segunda vez que llegué fue al final de una tarde de sol. Poca gente estaba por ahí y la construcción nueva era notable: edificios, locales y comidas. Cajas registradoras, corredores limpios y brillantes y desconocidos para mí. La pared del mirador eliminada y ahora da paso a una serie de escaleras que permiten bajar por la montaña hacia occidente. Las casas coloniales ya no son la constante del paisaje; lo es el color rojo del atardecer y los ladrillos en edificios y escaleras.

Para la tercera visita al mirador es de noche y ya quedaba poco de su inicio. Un elegante y rústico restaurante ocupa todo el lugar, con una sección interior donde se encuentra ocupada una sola mesa, y una terraza donde antes se agrupaba la gente con sus libros a observar la sabana. Es aquí donde me siento en una mesa alumbrada por candelabros. Borracho y acompañado de otros borrachos. Pedimos algo de tomar y observamos la sabana, ahora verde y despoblada. Es un bosque hermoso y oscuro. Llueve y los árboles parecen bailar por el movimiento que el agua y el viento traen a las copas. 

Los ocupantes de la mesa interior salen: niñas en uniforme de colegio, muchas niñas acompañadas de una pareja mayor. Ellas nos ven, ríen y luego corren hacia la montaña. Bajan por unas escaleras hasta el nivel de la tierra y suben hacia oriente. Van hacia el manantial en la montaña; aquel que surge de una tierra firme y empinada, donde los árboles son altos y anteriores a todas las formas de este lugar recurrente.  


martes, 31 de diciembre de 2013

Los 33 libros de 2013




Quiero terminar este año en lo que se refiere a Oscura Ciudad recordando los libros que pasaron por mis manos en mi año 33, que fueron el mismo número. Llevaba un par de años de un promedio bastante menor de lectura, así que el ritmo actual funciona y ya tengo compromisos con al menos la tercera parte, que corresponde a los pendientes que no alcancé a comenzar en este año. Pero de eso hablaré en unos cuantos meses.

Por ahora va lo concreto sobre el año: Paul Auster es mi autor favorito y del cual busqué más y más títulos; la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson, la mejor saga de novela negra; y los cuentos de Hemingway y Twain, cortas historias con el poder de quedarse dando vueltas en mi cabeza, una y otra vez. Algo fuera de serie y no tengo suficientes palabras para expresar lo que causaron.


Metafísica para empezar el año.  



Suena más denso de lo que fue en realidad. En los primeros días de enero visité con mi familia la casa de Fernando González en Envigado, también conocida como Otraparte. Una bonita casa conservada por sus herederos y en la cual se puede hacer un recorrido por la vida y obra del escritor y pensador más importante que ha existido en Colombia. Juez, diplomático, filósofo, maestro de los nadaístas y fuerte crítico de la sociedad nacional; religioso y humanista. 

En la librería de Otraparte mi papá encontró tres libros de la editorial Eafit que me regaló: Viaje a Pie, Salomé - El remordimiento, y Pensamientos de un viejo.  Yo sumé al trío un pequeño libro llamado Velada Metafísica. Viaje a pie fue el primero al que eché mano. Se trata de las anécdotas de Fernando y Benjamín Correa, su compañero de viaje y secretario, recorriendo el eje cafetero y parte del occidente del país por el medio anunciado en el título del libro; el encuentro con personajes y situaciones que llevan a los viajeros a la reflexión y al desarrollo de teorías sobre la vida, la muerte y la experiencia. Llegar o no llegar al destino, "todo depende del ánimo".      
   
Seguí con las aventuras románticas de Salomé, la gata de Fernando en su casa de Marsella, cuando este se desempeñaba como Cónsul de Colombia y El remordimiento se lo causaba mademoiselle Toní. Pensamientos de un viejo lo dejé para el final, siendo el primero en orden cronológico de los tres. Con el texto de la obra de teatro Fernando González: Velada Metafísica del Colectivo Teatral Matacandelas, terminé mi sesión con el "brujo de Otraparte". Va una joya del acto No. 5:

"Yo soy Gonzalo Arango, poeta, nadaísta. Después de Jesucristo no he conocido otro mejor. Para mí que Jesucristo es Fernando González persiguiendo muchachas en Envigado y burlándose de los empresarios antioqueños".

Continué con dos libros del Dalai Lama: Las leyes de la vida y La senda del líder. Me quedo de lejos con el primero, que explica los fundamentos básicos del budismo. El segundo tiene un enfoque de coaching que llega a ser aburrido. Seguí con un par de libros de la colección Orientalia de Paidós: Cuentos de los sabios taoístas y Cuentos de los sabios del tíbet. Una fabulosa selección de mitos y leyendas recopiladas por Pascual Fauliot, quien sugiere leerlos sin un orden fijo, guardando estos libros para consultas en momentos especiales. Puedo decir que no hay ningún problema con leerlos en el orden tradicional. 


100% Austeriano.




La invención de la soledad fue el primero de mis libros de Paul Auster en 2013. Las dos historias que lo componen son fundamentales para entender el universo Austeriano. Continué con La trilogía de Nueva York. Esta obra, junto con La noche del oráculo son mis favoritas. De la trilogía, "la habitación cerrada" es mi preferida. La habilidad de Auster para tramar historias y diversos mundos encadenados, junto con el suspenso propio de la novela policíaca hace de este par de libros clásicos contemporáneos.

El cuaderno rojo y A salto de mata son relatos biográficos en los que resaltan el sufrimiento y el disfrute de las cosas pequeñas, como el pastel de cebollas compartido con la novia cuando no quedaba más comida ni dinero. Dice Auster que escribir es una enfermedad, nunca algo que genere placer; pero es peor si no se hace. La historia de mi máquina de escribir encaja en esta categoría, aunque aquí el personaje principal sea Sam Messer con las ilustraciones de la multifacética máquina de Auster.

Creía que mi padre era Dios es el resultado de la temporada de Auster en la radio americana, invitando a sus oyentes a que enviaran por correo sus historias, siempre y cuando fueran verídicas y cortas. Así editó un volumen de 179 historias en algo más de seiscientas páginas, que Auster define como "crónicas desde el frente de la experiencia personal"..."mundos privados de los norteamericanos". Escritos breves sobre amores, muertes, objetos, animales y meditaciones.

El país de las últimas cosas es una genial ficción apocalíptica, que en ocasiones me llevó a hacer paralelos con La Carretera de Cormac McCarthty. Anna Blume relata el tortuoso camino que recorre en busca de su hermano perdido, a través de un mundo que colapsa, cada vez más sórdido y peligroso.

Algo diferente a Brooklin follies y Tombuctú, obras con un tono optimista,  centradas en la amistad, la reconciliación con la vida, los seres queridos y las nuevas oportunidades. Sobra decir que sin caer nunca en tonterías; se trata siempre del  viejo Auster, astuto maestro. Su universo es tan amplio y consistente, que me atrapa en cada una de sus facetas. Me declaro 100% Austeriano.


Tiempo para la novela negra.




La trilogía de Millenium tiene ese encanto especial de no poder parar de leerla hasta el final. Los volúmenes son cada vez más gruesos pero no importa. La historia envuelve y no se puede dejarla pendiente. Comienza con Los hombres que no amaban a las mujeres y las misteriosas historias de la familia Vanger en Hedestad, al norte de Suecia, como pretexto para que Lisbeth Salander se convierta en la heroína contemporánea: hacker, antisocial, bisexual, investigadora y un enigma para la mayoría. 

En los siguientes dos tomos, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, se conocerá más de Salander y la historia pasará de lo micro a lo macro; de los criminales a la conspiración política y a la traición del Estado de Derecho por parte de sus propios funcionarios. Una obra espectacular en la que Larsson usó todos los recursos a su alcance dada su experiencia como periodista investigativo y activista.


Los cuentos americanos.




Mark Twain y las historias del Mississipi. Los cuentos selectos me hacen reír en cada uno de sus ingeniosos momentos, con sus personajes apostadores, vagabundos y embusteros. Mis favoritos, El periodismo en Tennessee, en el que el editor se debate a tiros con sus enemigos objeto de las columnas del periódico, y Cómo llegué a ser editor de un periódico de agricultura, cuyo personaje, editor temporal del diario, escribe sobre la época de la muda de las vacas, recomienda la domesticación del juguetón gato montés y poner música a las almejas para que se queden quietas. El ingenio de Samuel Langhorne Clemens (verdadero nombre de Twain) va de la mano de su visión crítica del mundo y de las relaciones humanas. El niño malo siempre sale adelante, mientras que el bueno que espera ser guía de conducta en los libros de la iglesia, vuela en pedazos por cinco estados.

En cuanto a Edgar Allan Poe y sus Cuentos, aquí se encuentran el terror, el suspenso, la muerte y sus percepciones; las drogas y los vagabundos; la poesía en cada letra; la mujer amada que se escapa de las manos. Para algunos, el primer escritor americano real. Las bases para la novela negra moderna. 

Los Cuentos de Hemingway presentan la experiencia del artista pero también la del hombre en la guerra. Las andanzas por Italia y España. Las historias de toreros y aprendices. Cigarrillos y alcohol. Indios y blancos que conviven en los bosques de madera en Estados Unidos. Los amoríos y rupturas recurrentes. La difícil relación entre padres e hijos. Diría que estos cuentos son fuertes como un golpe en la cabeza, inolvidables por su vitalidad y honestidad.


Algo de poesía y viajes.


     

Para mi viaje a Nueva Zelanda llevé dos libros: Songs of Innocence & Experience de William Blake y el Libro de las Maravillas del mundo de Marco Polo. En el primero encontré cantos sobre la contraposición de vida y muerte; alegría y tristeza. Una bonita edición acompañada de las impresiones que el propio Blake hizo para su obra. El libro de Marco Polo lo encontré adecuado para las interminables horas de avión hasta llegar a Auckland. Una total conexión con la obra al conocer lugares lejanos, gentes y costumbres diferentes. 

De regreso pasé un par de días en Santiago de Chile, y en una librería encontré un par de ediciones de La vuelta al día en ochenta mundos y Último Round de Cortázar, cada una compuesta por dos tomos. Libros revolucionarios para su época y también para la actual. El diseño editorial y uso de distintas fuentes tipográficas me recuerda a los Siete manifiestos Dadá de Tristan Tzara. Ingeniosos, burlescos y libres. En el tomo dos de La vuelta al día, Cortázar usa por primera vez el término "cronopio" para referirse a uno enorme. El enormísimo Louis Armstrong, una noche de concierto en París.  

Al tomo de Poesía completa de Jorge Luis Borges llegué por mi búsqueda acerca de los laberintos (de la que hablaba en la entrada "perdido en mi propio invento") y por el gusto que tengo por cada uno de sus cuentos que he leído. El otro, el mismo y Elogio de la sombra son los que sigo releyendo. La poesías apócrifas incluidas son geniales; El enemigo generoso, mi favorita.


Arte moderno.

Cambiando el tema de lectura, que siempre ha estado entre la literatura y algo de poesía, encontré un día en la Librería Lerner a ¿Qué estás mirando? de Will Gompertz, director de arte de la BBC. Es una breve y amena historia del arte moderno, desde los impresionistas hasta el arte actual. Gompertz mantiene un lenguaje relajado y hace que el tema fluya, sumando anécdotas que conoce de primera mano, por su experiencia como director de la Tate Gallery.


De vuelta a McCarthy.

Cormac McCarthy es uno de los escritores vivos más importantes de Estados Unidos. Hace un par de años comencé a leer La Carretera un par de veces pero algo pasaba y no podía continuar. En octubre lo tomé de nuevo un domingo y al día siguiente estaba terminado. Todo llega en su momento adecuado. La desolación de la historia es única. Un mundo posterior al apocalipsis nuclear; el padre y su pequeño hijo caminando por la carretera, sobreviviendo a los peligros, sabiendo que lo único que pueden hacer es postergar su muerte. Luego seguí con Todos los hermosos caballos, primer libro de la Trilogía de la Frontera de McCarthy. El joven John Grady Cole huye de su casa al sur de Estados Unidos y viaja a México con su amigo Lacey, encontrando al amor de su vida y a la violencia propia de regiones donde gobierna la fuerza y no la ley.


Al final, la Z.

Termino de hablar sobre mis libros del 2013 con la antología de Zombies de John Joseph Adams. Este subvalorado género tiene matices insospechados y grandes escritores que contribuyen con sus diferentes perspectivas al fenómeno de los muertos vivientes. Aquí se encuentran historias de Stephen King, maestro del terror, George R.R. Martin, famoso por la saga Canción de Hielo y Fuego, que dio lugar a la serie de HBO Game of Thrones, y muchos más. Un buen libro para ampliar la visión del tema Z.


jueves, 26 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

10 más

Aquí va algo con "118 lowbeats" en mente. Fue mi segundo proyecto electrónico: un dueto con Roko, batero de Limbo, Claroscuro y Singol Servin, mis bandas de rock. Íbamos un poco lentos de beat, por la influencia del trip hop y el dorrin time..

"10 más" es un track discotequero.


Perdido en mi propio invento

Hola blog. Me perdí por un par de meses y no había vuelto por aquí. Después del último escrito que llamé "la oscuridad" perdí el ritmo de escritura y mi constancia en las visitas a estos lados de mi mundo. Fue intencional, eso sí. Quería cambiar con el método, probar una nueva forma de estructurar mis historias y mi percepción sobre ellas. Y me perdí en el proceso.

Todas las entradas anteriores a "noche sin cronopios" comparten la única regla auto impuesta, sea esta la de terminar el escrito en una sola sesión, por larga que fuera y sin importar cuántos cigarrillos o vasos de whisky pasaran por mis manos y boca. Esto me ayudo a escribir con algo de freestyle, improvisando sobre la marcha. Algo que me sentó bien por los meses que llevo enganchado a las grabaciones del quinteto de Miles Davis. 

Los "cronopios" llegaron luego de leer los dos tomos de "La vuelta al día en ochenta mundos" de Cortázar. Una bonita edición que encontré en una librería de Santiago la última noche que pasé allá, al regresar de Nueva Zelanda. También leía en esos días el tomo de poesía completa de Borges. Así se explican los experimentos en "cronopios" y las "cintas".

Pero comencé a aburrirme de mi única regla. Quería algo más. Profundizar en las historias, personajes y giros del relato. Así que compré un cuaderno nuevo en el cual desarrollar ideas que, ahora pienso, debieron estar aquí primero querido blog. Y así evolucionó un relato de ficción con matices propios, basado en momentos de mi vida que a simple vista son irrelevantes, pero que se niegan a desaparecer de mi memoria. Todo alrededor de la idea de entrar en un laberinto y perderse para luego encontrar la salida.

Mi problema aparece en cuanto el personaje del relato avanza a la mitad del laberinto, y las paredes húmedas y gastadas por los años amenazan con derribarse y aplastarlo, con la lógica consecuencia de dejarlo atrapado y sin posibilidades de llegar a la salida. Regresar al punto de partida no es una opción y avanzar tampoco es algo claro, así que aquí estoy con el asunto sin terminar.

Tengo música nueva, eso sí. La entrada anterior, "Tabú" recoge algunas de mis experiencias con el metal y los beats de mi viejo grupo, 118 lowbeats. La que sigue "10 más" es un track más discotequero. 

Bueno, es lo que hay por ahora. Ya nos veremos de nuevo. Como soy terco, seguiré buscando la forma de enfrentar a esos viejos pedazos de muro, para llegar a la salida. Probaré con algo de freestyle...

domingo, 29 de septiembre de 2013

Sonido de las cintas

Silencio.
Viene luego la pulsación.
Vibra el entorno hasta llegar al muro
y la voz encuentra la ruta de regreso.
Ahora es más que una ilusión, es un reflejo. 
Son varios en distintas direcciones.
Acuerdos en todas esas voces,
formas misteriosas y colores.
La fuente en medio se alimenta
y crece el coro, la danza al infinito.
Simetría en el abismo, en las repeticiones.
Silencio.

martes, 24 de septiembre de 2013

Noche sin cronopios

Un cigarrillo antes de caer en las almohadas.
Nubes de humo para olvidar la ansiedad.
El frío de la noche corre entre las bocanadas.
El malestar por fin cede y surge: libertad.

Hojas y acordes como excusas.
Reinos de papel y sonidos infinitos.
Noches sin dormir acompañado de latidos.
Un solo origen, la tormenta continúa.

Luces controladas, infusiones sin receta.
Violines en el nombre de un planeta, es mejor.
Afuera las voces que no cesan.
Evitan el silencio, las quejas alrededor.

Las manos resecas y un nudillo herido.
La reina en el palacio de corrientes.
Mercurio sobre gritos, el dominio.
El laberinto infinito de la mente.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La oscuridad

La oscuridad. La noche larga de lluvia y sin chance de salir a la calle. El miedo de nuevo. El dolor en el vientre. La cama vacía. Recuerdo el momento como si solo fueran minutos los que lo separan de mi actual ser. Pero son diez años desde entonces. Casi no lo creo. Al principio no sentí nada. Una especie de anestesia emocional que me hizo libre. El desapego que me dejó manejar el carro con tanta calma luego de dejarte en el aeropuerto. La resaca de la noche anterior. Eso fue. No pensaba del todo bien. Estaba aún eufórico. Tomamos tanto whisky como pudimos para luego comer una mazorca desgranada en el único local que encontramos abierto antes de volver a mi casa. La última noche. Una fiesta tan divertida como lo fue la primera. Durante meses continuamos con el mismo ritmo y alegría de la noche en que nos conocimos. 

Tengo que presentarte a una amiga que es igual a ti, me dijo ella cuando llegamos a la puerta de tu casa. Me reí y le pedí que me explicara. Hablan de las mismas cosas, respondió. En fin. Abriste la puerta y así comenzó todo. No podíamos parar de hablar, salir, tocar, jugar, tomar, y faltar a todo tipo de compromisos para estar juntos. Fueron divertidos seis meses. Todo estaba ahí. Momentos completos que exprimimos cuanto fue posible. Pienso que fueron años.

Cuando llamaste a mediodía y me dijiste que habías perdido el avión fue como un electroshock. Volví a la realidad. Me pasó el guayabo y fui consciente de que no volvería a verte. Pero ahora había ganado un par de horas más contigo, hasta que saliera el vuelo del día siguiente. Muy temprano en la mañana. Comencé a sentir frío y estuve así todo el día, hasta la noche. Nos acostamos, comimos y tomamos un par de tragos de whisky, un café y dormimos un rato. Al amanecer te fuiste en un taxi. Llegó en medio de la lluvia. El frío se sentía peor aún. Tengo escalofríos cuando recuerdo ese momento.

Las cosas se hicieron complicadas desde entonces. Luchamos un par de meses por mantener el contacto. Por no aceptar lo inevitable. Por conservar la risa. Como ocean crows, disfrutando de un baño caliente; de una fiesta en la que éramos la atracción principal. Guitarras, loops y congas. Vivimos la fiesta, aguantamos la resaca y luego todo volvió a ser como antes. Distinto a lo que sucedió con las canciones.

Las veces que creí estar contigo, solo fueron ilusión. No puede ser conmigo. No puede ser conmigo, una vez más. Y vas a callar. Vas a evitar. Y no creo ser nada especial. Solo fue mi ansiedad. No puede ser conmigo, una vez más.

Luego evité las letras. Las cartas. El contacto. Tú también. Era lo que tenía que pasar. Continuar. Ceder. Olvidar. Servicio individual para personas solitarias. Cápsulas de vida en porciones unitarias. Singol servin´. Experimentos. Crecer y no tener definido el norte. Con tantas voces, cómo escoger. No importa. Solo seguir adelante y probar caminos. Hasta perder la ruta y en medio de las vueltas y vueltas en el mismo vagón del metro, lograr ver cuál es la parada y salir en Alfons X para caminar bajo la luz del sol. Caer dormido y no oír tu llamada al amanecer. No podía ser de otra forma.

El ensayo y error como constante que prosiguió en esta historia. El experimento constante. El afán, la ansiedad y la búsqueda de resultados rápidos. Una etapa. Asimilada y en retrospectiva, un tanto insensata. Nada de que arrepentirse. Parte del proceso y válida solo por eso. Ahora la inspiración requiere de elementos nuevos. No del todo. De hecho consiste en buscarlos en el análisis exhaustivo inicial, cuando todo estaba en imágenes mentales. Proyecciones e ideales. Ahora parecen moldeables. Inspiración, libertad y método.

Es de noche de nuevo. Llueve y los relámpagos al norte iluminan el final de la cortina, en su coyuntura con la pared blanca. La luz que surge en la oscuridad. Poderosa. Total. Señales del cambio.  Las horas siguientes serán largas. Las palabras también. Otra perspectiva. Sueños profundos y acordes abiertos. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Malas ideas

Una noche de fiesta y dos medias botellas de Jack Daniel's terminadas. Pasó los últimos tragos de la segunda sin hielo, así que sintió más el alcohol al final. También un agrio sabor que subió del estómago y se quedó en la boca hasta que prendió el siguiente cigarrillo. El gusto de la nicotina borró por el momento las huellas de la gastritis que niega a irse del todo, pero que en los últimos meses logró domesticar bastante bien.

Hace frío en la mesa del balcón donde termina el último trago de Bourbon, en compañía de un viejo amigo que no veía hace varios meses. Juntos son responsables de acabar con las dos medias botellas. Después de la primera comenzó a sentirse borracho. Ahora es un hecho. Está bien jalado y se siente a gusto con la situación. Le lanza miradas a la chica de la caja, que está a pocos metros de la mesa, en la barra del bar. Ella se da cuenta y lo ignora con una leve sonrisa. Sabe que está borracho y una cliente la llama para entregarle el dinero de la compra de dos cervezas. El frío supera al confort del alcohol y se paran de la mesa para ir a la zona donde la gente está de pie, bailando mientras el dj pone rock de los noventa mezclado con beats house.

Es un largo corredor que lleva al escenario, ahora vacío al terminar la presentación de la banda de la noche. El final de la barra coincide con el corredor y es ahí donde se ubican el dj de la casa y la gente que baila. Se sienta en algo que parece una silla de mármol, tan larga como el corredor, y en la que nadie más lo hace a pesar de abarcar el espacio en el que se encuentran cinco grupos distintos de gente. Solo hay chaquetas encima. Las hace a su lado y ahí se queda.

No por mucho tiempo. Comienza a sentir un calor infernal en el trasero. Es en ese momento cuando nota que no está sentado sobre una silla sino sobre el mármol que cubre los calentadores del lugar. Seguramente se habría dado cuenta antes de haber estado sobrio. Pero ya borracho, tardó varios minutos en saber lo que pasaba. Se para y alcanza a ver a una chica flaca, blanca, baja de estatura y con el pelo corto y puntiagudo teñido de amarillo, que coge su chaqueta y la pone junto al montón que pertenece a su grupo de amigos. Piensa que se la van a robar. 

Ella tiene cara de ser una punky atrevida a juzgar por sus rudos movimientos y la profunda mirada de odio que reserva para aquellos que no pertenecen a su grupo. Parece una de las Evil Fingers. Se siente atraído hacia ella. Sabe que hablarle es una mala idea. Pero se dice a sí mismo <¿qué diablos? No es buena idea estar borracho cuando tengo una entrevista de trabajo a las siete de la mañana>. Entonces, entrado ya en malas ideas...

- Esa es mi chaqueta, devuélvemela.
Ella se queda mirándolo fijamente a los ojos, con un cigarrillo en la mano y un trago en la otra. Después baja la mirada hasta sus pies, vuelve a subirla a los ojos y abre la boca.
- Tiene voz de orto. 
- ¿Qué?
- Que tiene voz de orto. De culo.
- Me pasa cuando fumo, pero no es tu problema y el mío es que te llevaste mi chaqueta. Dámela, está ahí en ese montón de ropa de tus amigos. 
Otra vez se queda mirándolo a los ojos mientras da un paso hacia él, acerca el vaso a su boca mientras le muestra los dientes inferiores y con la otra mano le señala el montón de ropa, con gesto de <adelante, ve por tu chaqueta>. 

Qué sencillo fue, piensa. Cuando tenga mi chaqueta la invitaré a un trago. Por estar borracho no entendió el sentido oculto de la situación. La agresividad en los gestos de la excéntrica. Da un paso hacia ella para agacharse a buscar la chaqueta, cuando le lanza una patada a las bolas y grita fuerte, de tal forma que toda la gente alrededor voltea a mirarla. <¡Trató de tocarme, pervertido! ¡Ayuda!>

No alcanza a caer al piso cuando dos gigantes de seguridad llegan a levantarlo y lo sacan a empujones hasta la entrada en el primer piso, bajando rápidamente las escaleras que hay desde la terraza en el último piso donde se encuentra el bar. No puede respirar y el dolor es brutal. <Maldita punky desadaptada>, piensa él. <Niñita resentida y retorcida. Pedazo de mujer diabólica y mentirosa. ¿Por qué jugarle esta mala pasada a un borracho que buscaba su chaqueta?>

Cuando los vigilantes lo sueltan en la entrada, sus pensamientos se han vuelto paranoicos y respira con dificultad por la boca. Piensa que la policía llegará dentro de poco, la chirri esa testificará en su contra, pondrá su mejor cara de víctima de acoso por parte de un borracho que le lleva varios años de ventaja. <Todo está en mi contra. Es una mierda>. Sin embargo, los securatas solo le dicen que no vuelva a acercarse al bar. Está claro que no lo hará. Ya lo había decidido desde el momento en que pagó treinta mil pesos para hacer efectiva la "invitación", es decir que lo anotaran en la lista de ingreso. Se sienta en el piso y se recuesta contra la pared del local a la izquierda del acceso al bar.

Su amigo llega en ese momento, tambaleándose y con un paquete de cigarrillos en la mano. El dolor en la entrepierna continúa pero vuelve a respirar con calma. Le pide uno y mientras fuma le cuenta lo que sucedió con la desadaptada y su chaqueta. Su amigo se ríe y le dice que la recuerda a ella, pero que no ha visto su chaqueta. Tendrá que regresar a casa en camisa. Hace frío pero el jaleo del último momento en el bar le dio energía extra y no se siente incómodo.

Después de quince minutos de recuperación, no hay nada más que hacer allí. Se paran para caminar y buscar un taxi, cuando baja del bar un grupo eufórico y ruidoso, en el que se encuentra la flaca loca que le dio la patada en las pelotas. Ella lleva su chaqueta en la mano y al pasar al frente de él se la tira al pecho mientras dice <esto no es mío>, sin dirigirle la mirada. Al menos no es una ladrona.

martes, 27 de agosto de 2013

Oportunidades del sector zombi

El sector zombi se encuentra en medio de un proceso de cambio jalonado por la llegada de distintas migraciones hambrientas y la integración al comercio mundial de cerebros. Una situación nada despreciable para un sector de la población tradicionalmente protegido y aislado del resto del mundo mediante estrictos esquemas de seguridad y prejuicios de las facciones más conservadoras. Como tendencia global, las restricciones a este tambaleante y voraz segmento de la población tienden a desaparecer y más temprano que tarde se perderán los instrumentos de protección de los no atolondrados, pero también de distorsión social y segregación de los incansables saltimbanquis.

Los zombis no son buenos o malos en sí mismos. En el caso de sus movimientos transnacionales, quedan en evidencia los problemas estructurales de higiene, motricidad y propensión al rechazo: altos costos de obtención de carne fresca, ausencia de oferta comercial predilecta y falencias en materia sanitaria. Mientras que en países como Estados Unidos, Inglaterra y Alemania se realiza toda una serie de eventos sociales, congresos, cocteles y manifestaciones en pro de la población zombi, en Colombia el rechazo a los zurumbáticos es promovido por los segmentos más radicales de la izquierda y la derecha. Vale la pena tener en cuenta que con los países mencionados ya se tienen acuerdos de libre migración y alimentación para los desaseados pero de cualquier forma aún ciudadanos en cuestión. He aquí una falla estructural en competitividad, para no hablar de libertad, igualdad y fraternidad. No en vano uno de los planteamientos centrales del Manifiesto de la Unión Zombi, se refiere a las acciones para reducir las barreras de integración al resto de la población.

En el presente termidor entró en vigencia y de manera provisional, el acuerdo de libre fomento con la Unión de Naciones Zombi; varios de sus miembros son potencias mundiales en la producción de materia cerebral y derivados apropiados para el consumo de estos alelados. Sin embargo, ellos tampoco son ajenos a los problemas de competitividad. Las ayudas proteicas de las que gozan los zombis unidos son prueba de ello. Si bien este tema solo es discutido por las autoridades aturdidas de manera exclusiva en el marco de la Organización Global del Pantagruelismo –y por lo tanto quedó fuera del acuerdo con Colombia– un avance importante se encuentra en la eliminación de la exportación de trozos –cabezas, brazos y piernas– en el tratado bilateral. También lo es la posibilidad de aplicar salvavidas en caso de que las importaciones cefálicas se disparen.  

El acuerdo incluye esquemas graduales de reconversión para los zombis que se extienden hasta por 17 años, después de la transformación del personaje. Es un tiempo prudencial para ejecutar las políticas necesarias y orientadas a mejorar la productividad y competitividad de la creciente población zombi colombiana. El debate sobre el acuerdo es sórdido y de gran trascendencia. ¿Existen riesgos para la producción nacional? Cierto. ¿Aumentará la población del sector? Es muy probable y el consumidor zombi será el primero en notarlo y beneficiarse de ello. Entonces ¿es tan oscuro el panorama?

No necesariamente. Hay retos pero también oportunidades. En primer lugar, es necesario dejar atrás el viejo paradigma proteccionista, que tiene los días contados, más aún con los zombis en aumento. El proceso de integración global es un hecho irreversible y debemos adecuarnos a las nuevas reglas de juego. Así como a los hambrientos sujetos que ya se ven en cargos de elección popular y como directivos de corporaciones. En segundo lugar, la franja zombi nacional tiene el reto de poner en marcha las políticas de apoyo a la cadena de frío, junto con el gobierno nacional, para preservar la buena calidad de la alimentación de este segmento grogui.

La cooperación internacional que llega desde distintos frentes para el sector zombi debe traducirse en proyectos tangibles que promuevan la generación de valor y alimento fresco a lo largo de la faena. Las Alianzas Nutritivas serán de mortal importancia en este proceso. Es hora de construir el futuro del sector zombi con una visión de país, encontrando manjares en medio de las diferencias.