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martes, 7 de agosto de 2007

Mamá, ¿puedes matar a Lucas?

Música de Singol Servin y la fórmula secreta para acabar con Lucas en www.myspace.com/singolservin

Esta es una historia común para un personaje común. Uno de esos que nos encontramos todos los días pero siempre lo queremos negar. Lo vemos y al poco tiempo lo tratamos de olvidar. Y siempre lo logramos. Por eso mismo merece tener un pequeño instante de gloria, un momento de gracia. No esperen nada espectacular. Lo que sigue es la historia de una criatura común y corriente.

El pasado domingo me encontraba en un asado para celebrar el cumpleaños de un buen amigo. Mucha cerveza, carne, papas, amigos que hacía mucho tiempo no veía, gente desconocida y un único niño. El hijo de la primera pareja de las presentes que se casó. En medio de su desconcierto entre gente adulta, el niño paseaba por toda la terraza donde nos encontrábamos reunidos, mostrando a todos su nuevo Autobot que se transormaba en Grúa. El niño llega hasta el rincón donde Diego y yo hablamos y esperamos que pase una nueva tanda de carne recién asada. Nos muestra su juguete y quedamos boquiabiertos. No pasamos un solo sábado de nuestra infancia sin ver a los Transformers en televisión nacional en la mañana. Somos adictos.

"Oye niño, no tiene el holograma", es lo primero que me atrevo a decir luego de recuperarme del asombro de encontrar un juguete de mi infancia veinte años después de, estando algo borracho y esperando a comer carne asada. "Ya no los sacan como antes", me dice Diego mientras nos reímos de la situación. El niño está feliz y nos habla sobre la película que vio la semana pasada en el cine. Cuando todavía Diego y yo pensamos en Autobots el niño habla de Harry Potter y cuando termina de contarnos la película Diego le dice:

"¿sabes que Harry Potter morirá al final de la historia?".

No puedo contener una estruendosa risa que llama la atención de la gente alrededor. Y es en este momento cuando la criatura aparece, tentada por la risa producida por los comentarios de otros, nunca de los propios, buscando robarse algo de atención.

No lo había visto llegar a la fiesta. La verdad es que nadie lo ve llegar nunca. Solamente cuando se acerca lo suficiente para dejarte ver sus dientes podridos de color amarillo, las cicatrices de una grasosa pubertad mal tratada, y los desorbitados ojos que se asoman por sus gruesos anteojos, es que te has dado cuenta que Lucas ha llegado.

Y eso sin contar con su mal aliento y los fluidos que emanan de su boca. Lo primero que hace al acercarse a nosotros e hipócritamente alabar a Diego es escupir sobre la chaqueta de mi amigo un gargajo blanco y maloliente. Diego mira con asco la mancha que el engendro ha dejado. Cuando Lucas peina el escaso pelo que tiene sobre su cabeza y decide vestirse con algo de estilo, se parece a Stephen Hawking. Solo físicamente, no en su inteligencia, por supuesto.

Pero él se cree inteligente. Cree tener esa inteligencia mordaz que le permite dominar toda situación. Estar por encima de todos los mortales. Nada menos cierto. Lo único que lo pone por encima de todos es su primo, el anfitrión, que es un gran amigo y nadie quiere darle problemas en su casa. Pero el inconsciente colectivo quiere acabar con la presencia de este personaje llamado Lucas.


Lucas habla al niño sobre muertes de personajes famosos. Muertes en el cine, muertes en televisión, muertes de políticos. Es insoportable. Habla sobre la lógica que lleva a algo más allá de la muerte. El niño sigue a nuestro lado y al de Lucas también. Sus ojos comienzan a aguarse. Él repite “muerte”, muchas veces. Deja caer su Autobot al suelo y encuentra latas de cerveza y las bota fuera de la terraza. Y sigue gritando “muerte". Sus padres vienen y lo tranquilizan. El niño llora y patalea mientras grita a su madre algo que nos hace reír hasta caer al piso a Diego y a mí, observadores del desastre que Lucas generó en el pequeño:

“Mamá, ¿puedes matar a Lucas?”
Música de Singol Servin y la fórmula secreta para acabar con Lucas en www.myspace.com/singolservin